El Cosmos es como un gran reloj que marca nuestros  acontecimientos.

Este reloj tiene 3 agujas principales:

 

La aguja que nos marca una hora «determinada». El periodo de un planeta concreto activado por Saturno en tránsito  para su madurez. 
La segunda aguja  hace de minutero con unos acontecimientos e intereses concretos que normalmente suceden durante un año y medio (jupiter por tránsito) y por ultimo existe una tercera aguja que hace de segundero y nos dirá el dia exacto de un suceso o un interés nuestro importante (la luna, marte y/o plutón en transito). La aguja del segundero quizas sea una de las agujas mas importantes porque activan para un dia o unos dias concretos nuestras emociones (luna), para bien o para mal, y tambien actos, realizaciones o sucesos concretos (marte/plutón).  Las 3 agujas van sincronizadas.

Mas adelante en otro artículo quizás hable mas detenidamente sobre ello con mas ejemplos.

Ahora quisiera hablar sobre  Venus…Y… ¿Por qué sobre Venus?….

Entendiendo a Venus creo que entenderemos mejor muchas cosas que nos ocurren en nuestra vida y, con ello, entenderemos mejor nuestro destino.

Para mi existen dos tipos de destino: uno es aquel que uno mismo puede cambiar por ejemplo cambiando hábitos y conductas perjudiciales y otro destino es aquel que no se puede cambiar o nos es «impuesto» por ejemplo cuando nos roban o nos toca la loteria.

Opino que el segundo destino, el impuesto, me gusta mas y cuando yo estoy escribiendo «me gusta más» me estoy refiriendo a Venus, por supuesto.

¿Y por qué motivo me gusta mas un destino impuesto?… Porque entra en juego un verbo maravilloso y transformador pero, en muchas ocasiones, muy dificil para la mente humana… El verbo se llama «Aceptar». Creo que cuando empezamos a «aceptar» todo lo negativo que nos sucede (destino impuesto), ya sea por alguien ajeno o como producto de nuestra inconsciencia e ignorancia, es entonces cuando podemos empezar a tener una vida mas feliz y mas placentera (venus).

Ahora bien no solamente basta con decir, por ejemplo,… «acepto este suceso negativo o acepto que fui malo con una persona» lo mas honesto, desde mi punto de vista, es «cambiar lo que sea necesario» para que eso no vuelva a suceder.

En otros artículos dije que el periodo de Venus empieza cuando Jupiter o  Saturno en tránsito realizan la cuadratura «creciente o de ida» a su posición natal. Durante este periodo de venus también dije que es mas facil que podamos conocer a alguien o mantener algun tipo de relación amorosa. La cuadratura se relaciona con el número 4, el armónico 4 y el arcano del Emperador en el Tarot. El periodo de venus, se relaciona con una época de actos y realizaciones.

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El planeta jupiter pondrá a prueba nuestra filosofía en las relaciones que mantenemos (venus) pero también estarán puestos a prueba en este periodo de venus aquellos valores de saturno como nuestra responsabilidad, nuestra seriedad, nuestros deberes, nuestra disciplina, nuestro compromiso….etc.

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Esta foto dice en mi opinión una gran verdad pero no solamente el tipo de pareja que elegimos considero que es proporcional al amor que nos tenemos, también incluyo el tipo de amistades que elegimos. Algunas personas, y yo me incluyo, a veces continuamos buscando el amor, la amistad o la aprobación en los sitios equivocados.

Venus en la carta natal nos dice nuestra capacidad para amarnos, valorarnos, cuidarnos y elegir lo que es mejor para nosotros y nuestro cuerpo (tauro) de una manera equilibrada (libra). Venus habla de nuestra autoestima y por tanto, el periodo de venus con los sucesos que ocurren en él simplemente hablará de nuestra venus.

 

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Para terminar este artículo contaré una bonita historia o cuento que muchas personas no deben ni pueden olvidar. Es para dar esperanza a todas esas personas y astrólogos (yo me incluyo) que tienen a Venus en mal estado por signo, casa y/o aspectos y que puedan sufrir en ocasiones y en silencio una baja autoestima.

El cuento es del psicólogo argentino Jorge Bucay. Espero que les guste:

Un joven visita a un sabio maestro o psicólogo.

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-Ee..encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. – Bien- asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó -Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En su afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación. – Maestro – dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

– Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él, para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: – Dile al maestro, muchacho que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo.
– ¡¿58 monedas?! -exclamó el joven.
– Sí, replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.

¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?